Escena cotidiana en un día de tormenta
septiembre 30, 2011
Tormentón otoñal donde los haya. Cargada con el pan, milagrosamente seco aún, con la fruta, con los niños, con los paraguas, con trastos sin fin. ¡Al fin llegamos a casa! Las llaves… dónde están… en el bolsillo de la chaqueta… en el bolsillo del pantalón… en el bolsillo exterior del bolso… Mamá, me estoy mojando. Sí, cariño, es sólo un segundo. Equilibrios con el paraguas, la fruta y el pan. Quizás en el bolsillo interior del bolso… en el otro bolsillo interior del bolso… pantalones… chaqueta… bolso por fuera… bolso por dentro… ¿Pero dónde habré dejado las llaves? ¡Mamá, yo sé dónde están! ¿Dónde, cariño? ¡En el fondo del mar! Pues ya nos podemos ir allí porque sigo sin encontrarlas. Para colmo de males, el pan ya está empapado.
PAPA
noviembre 7, 2010
¡El Papa! ¡Que viene el Papa! ¡Que ya está aquí! ¡Qué nervios, qué emoción! ¡Aquí mismo, en Barcelona! Y tan cerquita de casa. ¿Qué me pongo? ¿Podré verle, tocarle? ¿Me bendecirá? ¡Mira que estoy nerviosa! ¿Cómo me peino? ¿Se sentirá bien aquí, en Barcelona? Espero que le den bien de comer. ¡Ni más ni menos que el Papa! ¡Mira tú! No acierto a abrocharme los botones. ¡No me digas que tendré que cambiarme otra vez por los dichosos botones! Se me está echando el tiempo encima. Me pongo esto y voy ya. Estoy temiendo que no podré estar en primera fila… ¡Qué nervios!
Tan nerviosa estaba que aún no se había dado cuenta de que no había cambiado la hora la semana anterior. Llegó una hora tarde.
SANDEZ
noviembre 7, 2010
Entré en el vagón lleno de gente. Después de un par de paradas, cuando ya había bajado casi todo el mundo, me fijé en mi libro. Lo estaba leyendo una mujer. Adelantaba una página, volvía atrás, ¡cogía un lápiz y anotaba al margen! Me senté a su lado con el poco disimulo que permitía la situación para mirar de reojo lo que escribía. “¡Sandez!” En seguida recordé una situación parecida en una novela de… Pero no, yo no soy Vila-Matas.
NEGRO
septiembre 5, 2010
Como cada domingo por la mañana, se despertó con el pulso alterado. Llena de expectación fue a buscar el periódico al buzón, aún en bata y zapatillas, aún era pronto para que hubiera movimiento en la escalera.
Abrió el periódico más o menos por el centro, hojeó un poco hacia atrás, luego otro poco hacia adelante, hasta que encontró lo que buscaba.
NECROLÓGICAS
Juan Matute Llagado, muerto a los 87 años, sus hijos, nietos…
Adrián Rajón Misuera, muerto a los 17 años, sus padres, hermanos y amigos… pobre chaval.
María Teresa Ortiz Luján, muerta a los 98 años, sus desconsolados hijos, nietos…
Heinz Schmidt, muerto a los 59 años, su mujer, hijos…
Heinz Schmidt, director general de la empresa Schmidt S.A., la empresa…
Miriam Ansón Ginés, muerta a los 47 años, su desconsolado marido, hijos… ¡ésta! Definitivamente. Ésta era la buena.
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“He sabido de tu pérdida”. Él levantaba los ojos y se encontraba con la mirada de ella. Comprendía que esa mujer a la que no había visto nunca conocía perfectamente su estado de ánimo. “Gracias” e inmediatamente se sentía cálidamente confortado.
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Así era la situación que ella había imaginado mil veces. Cada vez que leía una esquela en el periódico, cada domingo por la mañana. Cada vez que elegía una, invariablemente de una mujer entre los 45 y los 55 años. Cada vez que se vestía para ir a un entierro, las medias negras, la falda negra, la blusa negra, los zapatos brillantes negros. Cada vez que iba a un entierro. Seria, compungida, con los ojos secos. Dirigiendo sus pasos hacia él. Siempre había un él.
Pero allí, ante ese hombre serio, de ojos, aunque secos, enrojecidos, no pudo más que balbucear un discurso incoherente que, por mucho que intentara, no podía parar. Las palabras salían de su boca sin pasar por ningún filtro, sin que nada ni nadie las parara, le tapara a ella la boca, le hiciera el favor, por favor, por favor ¿es que nadie puede ver que necesito que me paren esta diarrea verbal? La mirada de él, dolida, herida, pero que aún podía defenderse de su intromisión con una frialdad atroz.
Se fue, dejándola a ella con sus balbuceos, sus incoherencias, sus faltas de tacto, su locura no sabía si transitoria, hasta que, libre del embrujo de ese hombre, ella fue enmudeciendo, poco a poco. Ella también se volvió y se fue, en dirección contraria, diciéndose a sí misma “si es que estas cosas solo pasan en las novelas”.
Pero las novelas no acaban todas igual y a ella la historia, una vez tras otra, un domingo tras otro, cual si fuera una interminable repetición del mismo día, sí.
SONROIG
julio 2, 2010
Veig un home que em saluda. “Adéu!”
Crec no conèixer-lo de res i li dic. “Ens coneixem?”
“Perdona?”, respòn.
“És que m’has saludat…”, dec semblar tonta.
“A tu? Ah, no! Saludava el meu amic, aquell que està parat al semàfor. Estava just al teu darrera, segurament és per això que has pensat…”
I ja no sento res més, només la sang pujant-me per les orelles.
ESTIU 2
julio 2, 2010
Estem a la platja. Ja fa dies que hi venim, però avui és especial. Avui, per primer cop, hi ha mar de fons, ones prou altes com per jugar-hi, així que estem saltant ones que ens integren dintre seu, ens fan ser ona, o part d’ella, i que de vegades ens tomben i ens fan rodolar per la sorra.
Els grans de sorra volen al nostre voltant i ens esgarrapen lleugerament la pell.
Quan tornem a la tovallola tenim sorra als cabells, a la pell i al forro del banyador. Sobre tot al forro del banyador.
ESTIU 1
julio 2, 2010
Estem a juliol, i no pas a començaments. L’estiu ja és ben entrat però, bo i la calor que ha estat fent des de fa setmanes, no ha estat fins avui que n’he tingut plena conciència, que he sentit que ja és estiu. Què és el que marca, doncs, per a mi l’entrada de l’estiu, si no és la calor? Passejar pel carrer i sentir l’olor de la crema solar. És això el que m’evoca el sol, la calor, la platja, les vacances, les pilotes inflables, les pal·les, els riures, la tovallola plena de sorra, la sorra que s’enganxa a la pell gràcies a la crema solar.
PAÑUELO
junio 25, 2010
Estoy en el autobús y veo a una mujer. Lleva un pañuelo en la cabeza. No es musulmana, tiene las cejas pintadas. Baja del autobús y le deseo buena suerte mientras miro cómo se aleja. Yo bajo en la siguiente parada, justo pasado el hospital.
DEFENSA PROPIA
abril 30, 2010
Gritaba. Gritaba mucho porque hacía daño. Hacía daño y no podía moverse. No podía moverse por mucho que lo intentaba. Lo intentaba, intentaba zafarse de esas manos huesudas. Manos ásperas y duras como sarmientos. Pero la tenían bien sujeta. ¡Hace daño, hace daño! ¡Duele! ¡Por favor, por favor! Se defendía con sus manitas. ¿De qué? ¿De quién? ¿De su madre? ¿De la señora que le iba a permitir poder llegar a casarse y poder seguir formando parte de su familia, de su pueblo? ¿De una costumbre que había formado parte de la vida de las mujeres de su pueblo desde antes de que Alá naciera? Demasiado contra lo que luchar para ella, una niña tan pequeña.
Hace daño, sigue haciendo mucho daño, pero ahora ya un poquito menos.
BOLERO
abril 29, 2010
Me dijo que nunca me había querido. Peor para él. Perdió el tiempo.
